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Kirkland, Washington

Una tarde de febrero en un aula de Brooklyn, Taylor Engler, de 16 años, se topó cara a cara con una vaca.

Pero todo ocurrió en su cabeza.

Unos auriculares de realidad virtual habían transportado a esta estudiante de la Berkley Carroll Scholl y a ocho compañeros hasta una granja del estado de Nueva York, a 400 kilómetros (250 millas) de distancia. La última tecnología ha hecho que las excursiones escolares ya no se limiten a la distancia que puede recorrer un autobús.

“¡No me esperaba tenerla en la cara!”, comentó Taylor luegcompañeros caminaron virtualmente por establos y campiñas de Watkins Glen, y extendieron sus brazos hacia cerdos y vacas que solo ellos veían. Fue una “excursión” que no se hubiera dado de no ser por la realidad virtual, según la consejera Lily Adler, dadas las limitaciones de tiempo y personal.

“Es algo diferente a los videos porque tienes más de una perspectiva. De hecho, te puedes mover”, dijo Taylor durante una lección ofrecida por la agrupación defensora de los derechos de los animales Farm Sanctuary.

No solo moverte. También sentir, afirmó Richard Lamb, quien estudia cómo el cerebro procesa la información en el Buffalo Neurocognition Science Lab. En el laboratorio se hacen evidentes los efectos físicos de la realidad virtual ya que personas sobre tierra firme empiezan a tambalearse o sufren de vértigo, convencidas de que están posadas sobre andamios muy altos.

“Las investigaciones que hacemos demuestran que lo que experimentas con la realidad virtual es muy parecido, si no igual, a las respuestas fisiológicas que se dan cuando haces realmente esa actividad”, dijo Lamb. “Los latidos del corazón, la cognición, la respiración, todo”.

El efecto de esto en la enseñanza, sostuvo, es que mejora el interés, la comprensión y la memoria.